Twenty-Five Twenty-One | Una conexión especial

Tras escribir sobre Our Little Sister, es hora de empezar a escribir de alguna serie. Y qué mejor manera de hacerlo que con Twenty-Five Twenty-One, la serie que me hizo redescubrir lo que significa sentir con los personajes, reír, llorar y emocionarme frente a la pantalla.

Este post es especial, es una pausa para mirar de cerca la serie que despertó emociones y recuerdos que llevaba tiempo sin experimentar. Por eso la elegí como serie inaugural.

Si te interesa seguir todo lo que he ido descubriendo en este camino, aquí tienes el enlace a mi lista completa de películas y series asiáticas que he ido descubriendo en Letterboxd.


TWENTY-FIVE TWENTY-ONE (스물다섯 스물하나)

▫️Director: Jung Jee-Hyun & Kim Seung-Ho▫️Guionista: Kwon Do-Eun

▫️Año: 2022▫️País: Corea del Sur▫️Episodios: 16 (≈75 min/ep)▫️Género: Drama▫️Disponible en Netflix

▫️En una época en la que los sueños parecen inalcanzables, una adolescente que practica esgrima persigue grandes ambiciones y conoce a un joven trabajador que busca reconstruir su vida.

Antes de ver Twenty-Five Twenty-One, apenas había tenido contacto con los k-dramas. Solo unas semanas antes había visto Weak Hero Class (¡seriaza!), sin saber muy bien qué esperar de este tipo de historias. Pero bastó darle al play en Netflix para quedar completamente sumergido en un relato sobre amistad, sueños, juventud, recuerdos, la dureza de crecer, el primer amor, la búsqueda del éxito y la familia. Sin saberlo, acababa de empezar un viaje sobre la vida que llevaré siempre conmigo.

La serie consta de 16 episodios largos, muchos rondando los 70 minutos, y los finales acercándose a los 90 minutos, pero lejos de hacerse pesada, esa duración fue parte esencial de la experiencia. No quería que se acabara. Cada episodio se sentía como un regalo, tiempo para estar con los personajes, entenderlos y dejar que sus emociones calaran poco a poco. Ese espacio hizo que la conexión fuera mucho más profunda.

Con solo escuchar el tema With, interpretada por el propio reparto, y cerrar los ojos, me transporto a una vida que no he vivido pero que he sentido. Los temas musicales no se limitan a acompañar, guían. Con una canción convierten escenas en recuerdos y las emociones en algo casi físico. Me enamoro al escuchar Your Existence, sonrío con Starlight y siento cómo sube la adrenalina con Go!. Ahora mismo estoy escribiendo este post con With sonando de fondo y sé que, si cierro los ojos, se me caerá una lágrima.

Desde el primer momento conecté con los personajes, y gran parte de ello se debe al reparto. Kim Tae-ri, Nam Joo-hyuk, Kim Ji-yeon, Lee Joo-myung y Choi Hyun-wook están excepcionales. Este reparto no solo interpreta, sino que vive a sus personajes. Esa naturalidad hace que empatizar con ellos sea inevitable; sus alegrías y frustraciones se sienten como propias. Cada actor aporta una capa emocional que enriquece la historia.

Ese grupo formado por Na Hee-do, Baek Yi-jin, Moon Ji-ung, Ko Yu-rim y Ji Seung-wan es el corazón de la serie. Sus dinámicas son auténticas, imperfectas y muy humanas. El episodio de la playa es uno de esos momentos que condensan nostalgia y libertad; quería quedarme a vivir en él. También hay otros instantes memorables: las celebraciones de fin de año, las competiciones de esgrima, las charlas frente a la puerta y el constante apoyo ante las adversidades. Son esos ratos colectivos los que hacen que la historia se sienta verdadera.

El romance en Twenty-Five Twenty-One es uno de los aspectos más debatidos de la serie, y creo que eso dice mucho de lo bien que está planteado. La relación entre Hee-Do y Baek Yi-Jin no es un romance idealizado ni tranquilizador: es lento, imperfecto y, en muchos momentos, dolorosamente real. Nace desde la amistad, el apoyo y la admiración mutua, pero también desde el choque de prioridades, del tiempo y de las circunstancias, recordándonos que amar no siempre significa quedarse juntos para siempre. Precisamente por eso conecta tanto, porque refleja una verdad incómoda de la vida. En contraste, la historia de Moon Ji-Ung y Ko Yu-Rim aporta un amor más sencillo y esperanzador, pero igualmente sincero, demostrando que no todas las relaciones tienen que doler para ser profundas. La serie no utiliza el amor como un final feliz obligatorio, sino como una parte esencial del crecimiento personal.

Twenty-Five Twenty-One no vive en una burbuja, está ambientada en la Corea golpeada por la crisis financiera de finales de los 90, y eso lo nota uno en el aire. La incertidumbre económica, despidos, familias apretadas, sueños que de repente cuestan mucho más,… Es el fondo gris que empuja decisiones y marca prioridades. Entender ese trasfondo ayuda a leer de otra manera la urgencia de algunos personajes, la presión sobre los que compiten y la fragilidad de los planes de futuro. No es un dato histórico frío, es la tensión silenciosa que convierte ambiciones en sacrificios y hace que cada pequeña victoria parezca, a veces, una tabla de salvación.

Uno de los temas que más me impactó fue el sacrificio, la búsqueda del éxito, la exigencia del deporte, la competencia constante con los demás y contigo mismo, y el deseo de demostrar de lo que eres capaz. La serie muestra lo duro que puede ser estar obsesión por el triunfo y cómo ese camino deja huellas. Hay una frase que se me quedó grabada: “No creo que no vivir tus sueños signifique que hayas fracasado en la vida. Y tampoco creo que vivir tus sueños signifique que hayas tenido éxito”. Esa reflexión desmonta la idea de que solo hay una forma válida de triunfar y le da a la historia una profundidad que va mucho más allá.

Cuando veo series o películas de este tipo, me importa más el viaje emocional que la perfección cinematográfica. Quiero reír cuando ríen, llorar cuando lloran y frustrarme cuando pierden. Twenty-Five Twenty-One consigue justamente eso. A lo largo de dieciséis episodios le cogí un cariño especial a estos personajes y, cuando terminó, no quería despedirme. Podría seguir escribiendo mucho más sobre la serie, pero prefiero no alargar demasiado estos posts: a veces lo que una historia nos deja vive mejor en silencio.

Adoro cuando una serie remueve algo dentro de mí y me conecta de forma especial. Twenty-Five Twenty-One me hizo reír, llorar y reflexionar; eso es exactamente lo que busco frente a una pantalla. No la recomiendo a quien busca perfección técnica, sino a quien quiere sentir, recordar y emocionarse. Al final, lo más importante del cine y las series, para mí, es eso: vivir emociones fuera de la realidad para entender un poco mejor la propia.

Sé que volveré a verla; será distinto, tendré otra edad, quizá otras preocupaciones, pero los sentimientos estarán ahí. Volver será como reencontrarme con viejos amigos: el tiempo habrá pasado, pero la conexión permanecerá intacta.

Puntuación: 10 / 10

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