La que estaba destinada a convertirse en la primera serie de Marvel Studios para Disney+ acabó cediendo ese puesto a WandaVision después de que el COVID y los problemas de producción obligaran a retrasarla. Y aunque WandaVision fue un comienzo magnífico para Marvel en la plataforma, creo que The Falcon and the Winter Soldier habría sido igualmente una carta de presentación perfecta.
Con cada revisionado tengo más claro que es una de mis series favoritas del UCM y, precisamente por eso, voy a intentar no extenderme demasiado (spoiler: va ser imposible). Además, sigo pensando que esta historia debería haber sido una película.

Una de las cosas que más me gustan de The Falcon and the Winter Soldier es que desde el primer minuto deja claro que Marvel quería hacer algo grande. El primer episodio es prácticamente una declaración de intenciones: la secuencia de Falcon rescatando al rehén en el aire, saltando entre helicópteros, atravesando el cañón, utilizando sus alas y todo lo que tiene a su alcance es una auténtica barbaridad para abrir una serie. Una factura técnica y visual de categoría que está presente toda la serie.
Las peleas, las persecuciones, los enfrentamientos con los supersoldados… Todo tiene una sensación mucho más cercana a una película de Marvel que a una serie convencional. Pero lo que hace que funcione para mí no es solamente el espectáculo, sino que debajo de todo eso hay una historia que tiene algo que contar sobre sus personajes. Porque después de Avengers: Endgame, el UCM necesitaba enfrentarse a una pregunta bastante complicada: ¿qué ocurre con el legado del Capitán América de Steve Rogers? Y la serie encuentra en Sam Wilson y Bucky Barnes a los dos personajes perfectos para responderla.

Ya de por sí me emociona muchísimo recordar el momento en el que Steve Rogers decide entregarle el escudo a Sam. No solo por lo que significa dentro del UCM, sino también por lo mucho que adoro la etapa de Sam Wilson como Capitán América en los cómics. Pero la serie entiende perfectamente que aceptar ese legado no consiste simplemente en coger el escudo y ponerse el traje.
Desde el primer episodio se nos muestra lo complicado que resulta para Sam aceptar convertirse en el nuevo Capitán América. No estamos hablando únicamente de sustituir a uno de los mayores héroes de la historia, sino de lo que significa que un hombre afroamericano pase a representar un símbolo tan ligado a Estados Unidos. Y me parece fantástico que la serie no intente esquivar esa cuestión. Sam sabe perfectamente lo que representa ese escudo. Por eso me encanta el conflicto inicial de Sam no es que no quiera ser un héroe. Lleva años siéndolo. Lo que no sabe es si quiere cargar con todo lo que implica ser el Capitán América.

La serie acierta todavía más al colocar a Bucky al lado de Sam. El mejor amigo de Steve sabe perfectamente lo que significa ese escudo y entiende mejor que nadie el peso del legado que ha dejado atrás su amigo. Pero, precisamente por eso, confía en Sam. Bucky sabe que Steve no se equivocó al entregárselo y, aunque la relación entre ambos esté llena de discusiones, diferencias y algunos momentos divertidísimos, los dos comparten algo fundamental: quieren proteger aquello que el escudo representaba.
Además, Bucky tiene su propio viaje. Después de décadas siendo utilizado como el Soldado de Invierno, todavía tiene que aprender a vivir como James Buchanan Barnes. Sigue cargando con la culpa de todo lo que hizo mientras estaba controlado y necesita enfrentarse a las consecuencias de ese pasado. Mientras Sam tiene que aprender a aceptar un legado que no está seguro de querer, Bucky tiene que aprender a desprenderse de un legado que nunca quiso tener. Y no solo eso, la serie nos regala más de la conexión de Bucky con Wakanda.
Por eso funciona tan bien colocar a dos personajes completamente diferentes en el centro de la historia. Sam mira hacia delante mientras Bucky sigue mirando hacia atrás.

Y si Sam y Bucky representan dos formas de enfrentarse al legado de Steve, John Walker representa todo lo que ocurre cuando alguien cree que convertirse en Capitán América consiste simplemente en cumplir el papel que el Gobierno necesita. De hecho, me gusta bastante más John Walker en esta serie que en los cómics. Aquí tenemos a un soldado prácticamente perfecto, alguien que ha sido elegido porque Estados Unidos necesita mantener la imagen de un Capitán América que pueda ocupar el vacío dejado por Steve. Walker quiere hacerlo bien, quiere estar a la altura y realmente cree que está preparado para hacerlo. El problema es que piensa que lo que le falta es una de esas cosas que hacía especial a Steve: el suero de supersoldado.Y ahí está precisamente el error. El suero no te convierte en Capitán América. El escudo tampoco. Lo que te convierte en Capitán América es lo que haces con ese poder, lo que representas y los valores que decides defender.
Por eso funciona tan bien su caída. La muerte de Lamar rompe completamente a Walker y termina llevándolo a utilizar el escudo para matar a una persona en plena calle. Esa imagen del escudo manchado de sangre es potentísima precisamente porque sabemos todo lo que representa. Ese mismo símbolo que Steve utilizaba para proteger a los demás acaba siendo utilizado por Walker para ejecutar a una persona. Es el momento en el que la serie nos deja claro que puedes tener el escudo, puedes tener el uniforme y puedes incluso tener el suero, pero eso no significa que seas Capitán América.
Lo mejor de John Walker, de hecho, todavía estaba por llegar con Thunderbolts.

Pero si Walker representa una visión equivocada de lo que significa ser Capitán América, Isaiah Bradley representa el otro lado de la historia. Creo que todo lo relacionado con Isaiah es uno de los mejores elementos de la serie. Porque su historia demuestra que el símbolo del Capitán América nunca ha representado a todo el mundo de la misma manera. Mientras Steve Rogers podía convertirse en el gran símbolo de Estados Unidos, Isaiah fue utilizado, experimentado y posteriormente olvidado por ese mismo país.
Eso hace todavía más potente su conversación con Sam. Porque Isaiah tiene razones más que suficientes para preguntarse por qué alguien como Sam querría ponerse ese escudo. Después de todo lo que le hicieron, ¿por qué debería un hombre negro querer representar a un país que durante décadas no les representó? Creo que ahí Sam empieza a entender que no tiene que convertirse en el Capitán América de Steve. Tiene que decidir qué quiere que signifique el Capitán América cuando sea él quien lleve el escudo.
A todo esto se suma la historia de los Sin Banderas, que parte de otra de las ideas que más me gustan de la serie: mostrar las consecuencias del Blip. Me encanta que Marvel se detenga por fin a enseñar cómo cambió realmente el mundo después de que, literalmente, la mitad de las personas desaparecieran y regresaran cinco años después. Las fronteras, los refugiados, las personas que habían rehecho sus vidas… hay una historia muy potente ahí. El problema es que, para mí, los Sin Banderas terminan siendo uno de los elementos más flojos. La premisa es buenísima, Karli tiene motivos que podemos llegar a entender y la serie intenta mostrarnos que no todo es simplemente buenos contra malos. Es una idea que termina quedándose a medio gas cuando podría haber dado muchísimo más de sí.

También tenemos algunos secundarios que terminan de construir el mundo de la serie. Daniel Brühl vuelve como Zemo y es uno de los grandes aciertos. Después de conocer al personaje en Civil War, aquí podemos disfrutar mucho más del Barón Zemo: su aspecto, su actitud, su relación con Sam y Bucky y, por supuesto, sus momentos en Madripoor, que nos dejó un momento hilarante.
Con Sharon Carter tengo una sensación bastante diferente. Nunca ha sido un personaje que me haya interesado especialmente y su trama como Power Broker no termina de convencerme del todo. Es otra de esas historias que parece estar pensada más como una pieza para el futuro que como algo completamente satisfactorio dentro de la propia serie.
Pero si hay algo que me encanta de The Falcon and the Winter Soldier es que, en medio de toda esta historia sobre el escudo y el legado de Steve, también se preocupa por mostrarnos quién es Sam cuando no está siendo un superhéroe. Volver a Louisiana y conocer sus raíces, su familia y su comunidad es fundamental para entender al personaje. Es su hogar, el lugar al que pertenece y donde se siente él mismo. Y me gusta muchísimo que la serie dedique tiempo a algo que muchas historias de superhéroes olvidan: los héroes también tienen una vida fuera de las peleas.
Además, ese lugar acaba convirtiéndose también en un pequeño hogar para Bucky. Y quizá sea una de las pocas veces desde que lo conocemos como Soldado de Invierno en las que podemos verle realmente feliz, tranquilo y disfrutando de algo tan sencillo como formar parte de una comunidad.

Y llegamos al episodio final, la culminación perfecta de todo lo que la serie llevaba construyendo. Sam acepta finalmente el escudo y nos regala uno de los mejores trajes del Capitán América, además de una de las imágenes que más ganas tenía de ver: verle volar con las alas y pelear con el escudo. Y sí, sigo pensando que ese traje blanco debería ser el traje definitivo del Capi, aunque Brave New World nos lo quitara demasiado pronto y esté desaparecido en Doomsday.
Pero lo realmente importante está en su discurso final. Después de toda la serie entendemos que nunca se trató simplemente de decidir quién debía llevar el escudo, sino de descubrir qué significa ser Capitán América después de Steve Rogers. Sam no tiene que convertirse en Steve, sino encontrar su propia manera de representar ese legado. Por eso me encanta que el título cambie al final: empezamos con The Falcon and the Winter Soldier y terminamos con Captain America and the Winter Soldier. Sam acepta el legado que Steve dejó atrás.
Quizá por eso, con cada revisionado, tengo más claro que es una de mis series favoritas del UCM. Puede que intente abarcar demasiado y sigo pensando que habría funcionado incluso mejor como película, pero su mensaje permanece: Steve Rogers dejó el escudo; Sam Wilson decidió qué significaba llevarlo.
Puntuación: 8’5 / 10

Y hasta aquí mi repaso de The Falcon and teh Winter Soldier. Si queréis seguir el revisionado de la Saga del Multiverso rumbo a Doomsday y recibir mis opiniones y momentos favoritos, no olvidéis suscribiros a la newsletter.
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