Big World | Obra maestra que todos deberían ver

Big World fue una de las primeras películas que vi recomendadas dentro del cine chino contemporáneo y tenía ganas de descubrir tanto la película de Yang Lina como el trabajo de Jackson Yee, del que había escuchado muy buenas cosas. No sabía exactamente qué iba a encontrarme, pero sí que tenía claro que quería darle una oportunidad. Y vaya si la ha merecido. Porque Big World ha terminado siendo una de esas películas que llegan mucho más lejos de lo que esperaba y que, cuando terminan, te dejan pensando en ellas durante bastante tiempo.

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BIG WORLD (小小的我)

▫️Directora: Yang Lina▫️Guionista: You Xiaoying

▫️Año: 2024▫️País: China▫️Duración: 131 min▫️Género: Drama

▫️Liu Chunhe, que padece parálisis cerebral, rompe con valentía las ataduras físicas y mentales para hacer realidad el sueño de su abuela, mientras intenta encontrar su propio camino en la vida. Tras vivir un verano que lo transformará, finalmente emprenderá un nuevo viaje.

Big World es posiblemente una de las películas más potentes y desgarradoras que he visto jamás. Una de esas historias que empiezan hablando de una persona concreta y terminan haciéndote mirar de otra manera cosas que dabas completamente por sentadas. La película de Yang Lina me ha emocionado, me ha hecho sufrir y, sobre todo, me ha hecho sentir increíblemente afortunado por muchas de las cosas que considero normales en mi día a día.

Gran parte de ese impacto nace de Liu Chunhe, cuya historia es una lucha constante contra un mundo que no deja de ponerle obstáculos. No porque él no tenga capacidad para hacer cosas, sino porque la sociedad se empeña constantemente en recordarle que es diferente por su discapacidad. Y, en el fondo, Chunhe solo quiere algo tan sencillo como poder vivir su propia vida: estudiar, trabajar, relacionarse con los demás, tomar sus propias decisiones y construir su propio camino. Cosas que para muchos de nosotros son completamente normales pueden convertirse en auténticos obstáculos para otras personas.

Pero Big World no convierte a Chunhe en un héroe perfecto ni plantea su historia como una simple historia de superación. Lo que hace es algo que me ha llegado mucho más: nos muestra a una persona que simplemente quiere tener la oportunidad de vivir, equivocarse y descubrir por sí misma hasta dónde puede llegar. Y cuanto más conocemos a Chunhe, más me ha impresionado su forma de mirar el mundo. Hay en él una humanidad y una sensibilidad que hacen imposible reducirle a su discapacidad. La película consigue que dejemos de verla como aquello que le define y empecemos a verle simplemente como lo que es: una persona que quiere decidir qué hacer con su propia vida.

Si hay algo que tengo clarísimo después de ver Big World es que Jackson Yee se marca una de las mejores interpretaciones que he visto en mi vida. Está devastadoramente increíble. Es una actuación cruda, humana y tremendamente natural que todavía sigo sin superar, y no tengo ninguna duda de que es uno de los actores más talentosos que he visto jamás.

Hay algo en su manera de moverse, en sus gestos, en sus miradas y en cómo expresa las emociones de Chunhe que me parece extraordinario. No parece que estemos viendo a Jackson Yee interpretando a un personaje, sino a Liu Chunhe viviendo cada una de estas situaciones delante de nosotros. Cuanto más conozco todo lo que hizo para prepararse para la película, más impresionante me parece todavía su trabajo.

Y creo que precisamente ahí está lo especial de su interpretación: todo ese trabajo desaparece dentro del personaje. Yee consigue que sintamos sus frustraciones, sus ilusiones, sus miedos y sus ganas de encontrar su propio camino. Llega un momento en el que dejas de pensar en el actor y simplemente ves a Chunhe. Y cuando una interpretación consigue eso, para mí estamos hablando de algo realmente especial.

Gran parte de esa humanidad también nace de las relaciones que Chunhe construye con quienes le rodean. Su relación con su abuela me ha conquistado por completo. Ella es, de alguna manera, uno de los corazones de la película y entre los dos existe una conexión preciosa, una forma de entenderse y un cariño que hace que muchos de sus momentos juntos sean especialmente emotivos. Es una relación que consigue transmitir muchísimo sin necesidad de grandes discursos y que demuestra lo fácil que puede ser querer a alguien cuando simplemente le dejas ser quien es.

Después está su madre, con una relación bastante más complicada. Lo que más me interesa de este conflicto es que Big World nunca la convierte simplemente en alguien que se interpone en el camino de Chunhe. Ella le quiere, quiere protegerle y tiene miedo de que el mundo pueda hacerle daño. El problema es que ese amor puede terminar convirtiéndose en una sobreprotección que limita su independencia.

Ahí aparece uno de los conflictos que más me han interesado de la película: ¿hasta qué punto proteger a alguien significa también impedirle tomar sus propias decisiones? Chunhe quiere libertad, mientras que su madre teme las consecuencias que puede tener para él. Y lo bonito es que la película entiende perfectamente las razones de ambos. No hay un villano al que señalar, sino dos personas que se quieren pero que entienden de manera diferente qué significa cuidar de alguien.

La cinematografía de Piao Songri es increíble y creo que tiene mucho que ver con la capacidad de la película para transmitir tantas emociones sin necesidad de explicarlo todo. Hay una sensibilidad especial en la forma de mostrar a Chunhe y su mundo, en cómo se detiene en pequeños momentos y consigue que algo aparentemente sencillo termine diciendo muchísimo sobre él.

Creo que eso conecta perfectamente con uno de los momentos que más me ha emocionado de toda la película: el del poema del musgo. Me parece precioso y, al mismo tiempo, una muestra perfecta de esa pureza que tiene Chunhe, de esa manera tan particular y bonita de mirar el mundo.

Además, que la película esté basada en hechos reales hace que todo esto tenga todavía más peso. Y el cameo del personaje real me parece especialmente emocionante, porque introduce una conexión directa con la historia que estamos viendo y hace que ese momento resulte todavía más especial. Y luego está la escena de los caramelos. Me destrozó. No necesito entrar en detalles para explicar por qué, pero me parece otro ejemplo perfecto de cómo Big World consigue convertir algo aparentemente pequeño en un momento cargadísimo de emoción. La película tiene una habilidad especial para encontrar humanidad precisamente en esos instantes que, sobre el papel, podrían parecer insignificantes.

Supongo que aquí está la razón definitiva por la que considero que Big World es una de las películas del siglo. Sí, del siglo. Jackson Yee está espectacular, me ha conquistado la relación con su abuela, me ha interesado el conflicto con su madre y, sobre todo, me ha encantado que la historia de Chunhe sirva para hablar de algo tan sencillo y tan importante como el derecho a decidir sobre nuestra propia vida.

Una de las ideas que más me ha dejado la película es precisamente esa: ayudar a alguien no significa hacer todo por esa persona. A veces, la mejor manera de ayudar es dejar que se equivoque, que tome sus propias decisiones y que descubra por sí mismo qué quiere hacer con su vida. Porque las barreras a las que nos enfrentamos no siempre vienen de fuera; algunas también pueden aparecer precisamente en las personas que más nos quieren.

Por eso no he sentido Big World como una historia de superación al uso, sino como una historia sobre vivir. Sobre encontrar tu lugar, tener independencia, equivocarte, querer a los tuyos y aprender que a veces amar también significa dejar espacio para que la otra persona pueda caminar sola. Eso es lo que más me ha emocionado de Big World: que no necesita convertir a Chunhe en alguien extraordinario para que su historia importe. Simplemente consigue que queramos conocerle, acompañarle y verle luchar por algo que, en realidad, todos damos por sentado: la posibilidad de decidir qué hacer con nuestra propia vida.

Una película preciosa, humana y muy emotiva que me ha dejado muchísimo más de lo que esperaba. Y una de esas películas que no tengo demasiadas dudas de nombrar como obras maestras.

Puntuación: 10 / 10

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